Remake “trash” de “Not of this Earth” (1955) a cargo del pérfido Roger Corman. Serie B de la buena, de la que golpea con brío el pecho del aficionado a lo casposo. Una trama de traca, unas actuaciones deleznables, unos efectos baratos y mucha, mucha mujer enseñando carne allá donde mires. A todo esto le añades un poco de humor negro dentro de unos diálogos cargados de dobles sentidos sexuales y a la otrora pornstar Traci Lords, consiguiendo un cóctel de los que dan diarrea. Objetivamente, alejaos de ella todo lo que podáis. Subjetivamente, es mierda de la buena.

Vampiros del espacio (Jim Wynorski, 1988)

Película basada en la novela homónima del gran Robert A. Heinlein. La incursión e invasión silenciosa de la tierra por unos extraterrestres es algo mil veces visto pero fue Heinlein quien tuvo la exclusiva en su tiempo. A pesar de sus casi dos horas va a un ritmo pasmoso, una sucesión de escenas a cada cuál más rocambolesca en busca de acción continua y una intriga que no se ve por ningún lado. Un reparto de estrellas consolidadas, en su mayoría, es el mayor reclamo de una película que se puede ver a pesar de ser demasiado irregular. Ni fu ni fa.

Alguien mueve los hilos (Stuart Orme, 1994)

Uno de los pocos ejemplos de crossover entre Western clásico y Ciencia ficción. La condición de serie B y de “directa a video” le pesa mucho tanto a nivel de guión - que navega entre lo tópico de la trama y lo intrascendente de muchas escenas en claro afán por el relleno - como de producción - así en general -. Lo más destacado son, quizás, algunos maquillajes, criaturas y ese toque desenfadado que embarga a los personajes pero es que todo lo demás no acompaña nada. Se puede ver sin vomitar pero no da para mucho más.

Oblivion (Sam Irvin, 1994)

Luc Besson vuelve a la acción. Una vez más recurre a un personaje femenino que evoluciona rápidamente debido a las circunstancias para sobrevivir en un mundo hostil. La acción es primordial y vertebradora en este entretenimiento  al más puro estilo Besson, donde la fantasía de lo desconocido del tema le permite trabajar con espectacularidad. Si olvidas datos científicos de chichinabo y ciertos intentos pseudofilosóficos en algunos pasajes, se hace la mar de entretenida y disfrutable sobre todo con tus palomitas, tu cerveza y tus amigos. Además, sale Johansson y eso siempre es un placer visual. 

Lucy (Luc Besson, 2014)

Ochentera serie B sobre viajes dimensionales. Oscila entre el surrealismo puro y la lisergia. Parte de una premisa curiosa a pesar de una pareja protagonista bastante hostiable y unos efectos paupérrimos pero la historia interdimensional se transforma en un “Sword and sorcery” de mercadillo con unos personajes ascendetes de “MacGyver” a la hora de unir tecnologías. Yo qué sé, muy mal todo, muy aburrida y muy chorra. Se te queda la cara del protagonista al terminar de verla. Cara de entrar en un ascensor y tragarte el pedo de la persona que acaba de salir.

Prisioneros del universo perdido (Terry Marcel, 1983)

Serie B ochentera a rebufo de clásicos como “Blade Runner” o “Terminator”. La Empire - si, la misma de “Re-animator - se mete en un berenjenal que mezcla viajes en el tiempo, futuros post-apocalípticos, Mad doctors, zombis y policías de huevos gordos. Bajo presupuesto bien empleado, con una dirección económica - lo poco que sabe lo hace bien -, algunas ideas curiosas y mucho entretenimiento y descaro. Tuvo tal éxito que dio lugar a 6 secuelas, todas del mismo corte. Además, sale Helen Hunt con mucha química y buscando el Oscar.

Guardianes del futuro (Charles Band, 1985)

Adaptación de la novela del holandés Michel Faber. Una historia incomoda, exuberante, llena de metáforas, con una percepción sobre la sociedad, el sexo, el género masculino, la deshumanización y la humanización, el alineamiento, el dolor… Todo ello plagado de una extraña belleza visual que recuerda al primerizo Lynch. Su ritmo baja un poco en su segunda mitad a la vez que la protagonista cambia. Esto no es un error y seguramente la propia extrañeza de la cinta contribuya a esa sensación. Johansson, desnudo aparte, esta asombrosa. Sí todo esto no te ha convencido, esto lo hará: Sale en pelotas y está tan rica que dan ganas de llorar y dar gracias a la genética.

Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013)

Edwards se embarca en la segunda revisión occidental del mítico Gojira. Borrón y cuenta nueva a lo visto en su predecesora de 1999 para mostrarnos un entretenimiento de muchos kilates con algunos momentos visuales que oscilan entre lo bello, lo espectacular y cierta melancolía . Un Godzilla gigantesco y amenazador convertido en el salvador de la humanidad en una suerte de “segunda venida de Cristo” monstruosa. Lo más flojo es el insípido drama familiar y ese intento de extraña empatía entre el protagonista y el depredador. Entretenimiento, espectacularidad y cierto toque propio. Muy bien Edwards, eh.

Godzilla (Gareth Edwards, 2014)

Cuarón y su hijo se alían para contarnos una aventura espacial. A nivel de guión, seamos realistas, parece escrita por un alumno de primero de Audiovisuales estando plagada de unos símiles de chichinabo que hasta el menos espabilado puede coger por su burdo intento de humanizar la epopeya. Pero amigos, cuando entramos en lo visual es como si te explotara la cabeza. Abrumadoramente espectacular, con una fotografía que provoca síndrome de Stendhal, un desfile de inteligencia en el uso del 3D y algunas de las imágenes espaciales más bellas que se han visto en décadas. Sólo por eso Cuarón merece ser recordado.

Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)

Posiblemente una de las mejores, sino la mejor, producción del Sr. Roger Corman. Con claras referencias a “Alien” - sobre todo a nivel de decorados-, “Planeta prohibido” y cierto toque a producciones de los 50, Presupuesto ajustadísimo pero bien invertido, momentos terroríficamente extraños, secundarios de auténtico culto - como Robert Englund - , protagonistas que rozan la risa, mucho guión bizarro y grandes dosis de sangre. Se puede ver que no es poco. Gana con cerveza y amigos en una noche de verano.

La galaxia del terror (Bert I. Gordon, 1981)