Secuela del clásico “El planeta de los simios”. La continuidad obligo a un tono muy similar - cosa que se agradece - pero se perdió algo de la alegoría de su predecesora en favor un relato algo más aventurero. Se divide claramente en dos partes: una primera más convencional que sigue la estela de la anterior y la segunda, donde vuelve el miedo a lo nuclear, los sorprendentes giros de guión y ciertos símiles con la época - esos chimpancés protestando, haciendo sentadas y siendo reprimidos por el gobierno y el ejercito como les sucedió a los hippies - adornándolo con pura aventura y adquiriendo una personalidad propia. Bien.

Regreso al planeta de los simios (Ted Post, 1970)

Libre adaptación del libro de Travis Walton que, curiosamente, fue uno de los implicados en el suceso. El refrán “menos es más” no suele tener mucha puntería pero en este caso acierta de pleno. Basándose en relatos de los implicados, flashbacks, la tensión constante y la duda razonable, se presenta un interesante relato de abducciones que se mantiene, en su mayor parte, en un tono ambiguo que se agradece. Precisamente esas son sus mejores cualidades y las sabe explotar con enorme solvencia. Atención a la terrorífica escena en el OVNI. Bastante bien, oye.

Fuego en el cielo (Robert Lieberman, 1993)

Corman siempre con el modo “exploitation” a todo trapo aprovecho el estreno de “Parque Jurásico” para sacar esto. Guión sin sentido, momentos para la tortura, sangre a granel, mutaciones imposibles, virus idiotas, locuras por doquier y dinosaurios que van desde las marionetas de gomaespuma - atención a las manos que se ven - hasta los comprados en la tienda más barato del barrio junto a los vaqueros y los indios. De puta mierda que es, se convierte en obligada.

Carnosaurio (Adam Simon & Darren Moloney, 1993)

Fábula sobre los peligros de la tecnología que se viene abajo poco a poco. Un prometedor comienzo donde se plantean cuestiones sobre la I.A., la creación, el ser creado, la dependencia a la máquina, el miedo a la perdida de la humanidad, etc. vira paulatinamente hacía lo tópico, el aburrimiento, momentos casi de relleno, “deus ex machina” extraños y un final mil veces visto. Es entretenida por tramos y no está mal realizada pero no da para mucho más.

Transcendence (Wally Pfister, 2014)

Pequeña obra neozelandesa a reivindicar. Una suerte de “The Omega man” más centrado en el componente psíquico, científico y filosófico que en la acción. Es irregular por su división en dos partes - primera muy superior a la segunda - pero la fuerza de algunos momentos, la fotografía que acompaña a las oníricas imágenes y un final que da para muchas teorías, la hacen apetecible. Bastante rica. 

El único superviviente (Geoff Murphy, 1985)

Serie B de producción anglo-hispana que está a dos aguas entre lo bizarro y lo cutre. Alucinógena propuesta que mezcla la “road movie” violenta, con el “slasher” malo y la ciencia ficción más básica. Muchos diálogos ridículos adornados con sangre barata dentro de situaciones que rozan en ocasiones lo surreal - esa transformación perruna… “sigh”-  componen una mierda de tres pares de cojones. Ni la encuerada Melinda Clarke levanta esto.

La lengua asesina (Alberto Sciamma, 1996)

Disparatada comedia negra con un Steve Martin en la cumbre de su popularidad dentro del papel de un mad doctor desatado. Humor absurdo basado en la consecución de gags a cada cual más loco pero que dejan entrever cierta critica al manido “yo me enamoro de la mente de las personas”. Asesinatos, trasplantes, infidelidad, problemas maritales, momentos de cierto erotismo y extrañas visiones del futuro en una comedia apta para aquellos que disfruten de la absurdez propia de “Agárralo como puedas”. Entrenida y divertida.

Un genio con dos cerebros (Carl Reiner, 1983)

Oscura serie B llena de gore y mutantes caníbales en un futuro postapocalíptico de descampado de Nevada. Una suerte de cóctel de todo lo que molaba en los 90 - realidad virtual, aventura caballeresca, infección, mutantes locos, etc - que se queda bastante corta en materia. Las ideas están ahí, son buenas, pero su desarrollo absurdo y su afición por la carnaza, el mondongo y la pústula - la revista “Fangoria” está detrás - le bajan escalas para el no fan del gore. Por mucho que salga Bruce Campbell, se queda floja.

Odisea en el tiempo (Steve Barnett, 1992)

Una mezcla de “Alien” y “Abyss” pero comprada en la tienda más barata del barrio. Sigue la estela de otras películas de ambientes submarinos - como “Leviatan” - pero siendo más seria y, por tanto, menos loca y divertida. Todo en general es bastante correcto pero es tan anodina y dice tan poco que se queda en otro intento más por chupar del bote. Se puede ver pero te deja igual que una paja por aburrimiento.

Profundidad Seis (Sean S. Cunningham, 1989)

Los 80 son una mina de oro. Estúpida comedia adolescente con extraterrestres de por medio y ganas de fornicio durante sus 90 minutos. El despelote de “adolescentes” es continuado en una película que no aporta nada salvo algún chascarrillo, lo propio de las comedias de su tiempo plagadas de tetas y mucha tontería sin sentido. Pues eso, tetas y culos en una cosa que entretiene si estás borracho.

Dr. Alien (David Decoteau, 1989)