Posiblemente una de las mejores, sino la mejor, producción del Sr. Roger Corman. Con claras referencias a “Alien” - sobre todo a nivel de decorados-, “Planeta prohibido” y cierto toque a producciones de los 50, Presupuesto ajustadísimo pero bien invertido, momentos terroríficamente extraños, secundarios de auténtico culto - como Robert Englund - , protagonistas que rozan la risa, mucho guión bizarro y grandes dosis de sangre. Se puede ver que no es poco. Gana con cerveza y amigos en una noche de verano.

La galaxia del terror (Bert I. Gordon, 1981)

Libre adaptación de un relato del maestro H. G. Wells. Bebe alegremente y sin complejos de las películas sobre animales gigantes de los años 50 sustituyendo lo nuclear por una sustancia viscosa supurada por la propia tierra. Cierto tinte ecologista, protagonistas que siguen arquetipos de libro, efectos que han envejecido rápidamente y bastante sangre adornan una película de rápido desarrollo y harto divertida. Es mala pero te ríes.

El alimento de los dioses (Bert I. Gordon, 1976)

Irregular cinta de finales de los 70. Un Douglas a punto de la jubilación y una espectacular Farrah Fawcett convertida en premio y deseo sexual se ven desbordados por una I.A. creada por el psicópata Keitel en un papel interesante. Rompe un poco los convencionalismo “Asimovianos” para apostar por un peligro real, con algunas escenas de tensión bien resueltas pero, al final, se queda en un entretenimiento salvable por los pelos.

Saturno 3 (Stanley Donen, 1979)

Secuela del clásico “El planeta de los simios”. La continuidad obligo a un tono muy similar - cosa que se agradece - pero se perdió algo de la alegoría de su predecesora en favor un relato algo más aventurero. Se divide claramente en dos partes: una primera más convencional que sigue la estela de la anterior y la segunda, donde vuelve el miedo a lo nuclear, los sorprendentes giros de guión y ciertos símiles con la época - esos chimpancés protestando, haciendo sentadas y siendo reprimidos por el gobierno y el ejercito como les sucedió a los hippies - adornándolo con pura aventura y adquiriendo una personalidad propia. Bien.

Regreso al planeta de los simios (Ted Post, 1970)

Libre adaptación del libro de Travis Walton que, curiosamente, fue uno de los implicados en el suceso. El refrán “menos es más” no suele tener mucha puntería pero en este caso acierta de pleno. Basándose en relatos de los implicados, flashbacks, la tensión constante y la duda razonable, se presenta un interesante relato de abducciones que se mantiene, en su mayor parte, en un tono ambiguo que se agradece. Precisamente esas son sus mejores cualidades y las sabe explotar con enorme solvencia. Atención a la terrorífica escena en el OVNI. Bastante bien, oye.

Fuego en el cielo (Robert Lieberman, 1993)

Corman siempre con el modo “exploitation” a todo trapo aprovecho el estreno de “Parque Jurásico” para sacar esto. Guión sin sentido, momentos para la tortura, sangre a granel, mutaciones imposibles, virus idiotas, locuras por doquier y dinosaurios que van desde las marionetas de gomaespuma - atención a las manos que se ven - hasta los comprados en la tienda más barato del barrio junto a los vaqueros y los indios. De puta mierda que es, se convierte en obligada.

Carnosaurio (Adam Simon & Darren Moloney, 1993)

Fábula sobre los peligros de la tecnología que se viene abajo poco a poco. Un prometedor comienzo donde se plantean cuestiones sobre la I.A., la creación, el ser creado, la dependencia a la máquina, el miedo a la perdida de la humanidad, etc. vira paulatinamente hacía lo tópico, el aburrimiento, momentos casi de relleno, “deus ex machina” extraños y un final mil veces visto. Es entretenida por tramos y no está mal realizada pero no da para mucho más.

Transcendence (Wally Pfister, 2014)

Pequeña obra neozelandesa a reivindicar. Una suerte de “The Omega man” más centrado en el componente psíquico, científico y filosófico que en la acción. Es irregular por su división en dos partes - primera muy superior a la segunda - pero la fuerza de algunos momentos, la fotografía que acompaña a las oníricas imágenes y un final que da para muchas teorías, la hacen apetecible. Bastante rica. 

El único superviviente (Geoff Murphy, 1985)

Serie B de producción anglo-hispana que está a dos aguas entre lo bizarro y lo cutre. Alucinógena propuesta que mezcla la “road movie” violenta, con el “slasher” malo y la ciencia ficción más básica. Muchos diálogos ridículos adornados con sangre barata dentro de situaciones que rozan en ocasiones lo surreal - esa transformación perruna… “sigh”-  componen una mierda de tres pares de cojones. Ni la encuerada Melinda Clarke levanta esto.

La lengua asesina (Alberto Sciamma, 1996)

Disparatada comedia negra con un Steve Martin en la cumbre de su popularidad dentro del papel de un mad doctor desatado. Humor absurdo basado en la consecución de gags a cada cual más loco pero que dejan entrever cierta critica al manido “yo me enamoro de la mente de las personas”. Asesinatos, trasplantes, infidelidad, problemas maritales, momentos de cierto erotismo y extrañas visiones del futuro en una comedia apta para aquellos que disfruten de la absurdez propia de “Agárralo como puedas”. Entrenida y divertida.

Un genio con dos cerebros (Carl Reiner, 1983)