Luc Besson vuelve a la acción. Una vez más recurre a un personaje femenino que evoluciona rápidamente debido a las circunstancias para sobrevivir en un mundo hostil. La acción es primordial y vertebradora en este entretenimiento  al más puro estilo Besson, donde la fantasía de lo desconocido del tema le permite trabajar con espectacularidad. Si olvidas datos científicos de chichinabo y ciertos intentos pseudofilosóficos en algunos pasajes, se hace la mar de entretenida y disfrutable sobre todo con tus palomitas, tu cerveza y tus amigos. Además, sale Johansson y eso siempre es un placer visual. 

Lucy (Luc Besson, 2014)

Ochentera serie B sobre viajes dimensionales. Oscila entre el surrealismo puro y la lisergia. Parte de una premisa curiosa a pesar de una pareja protagonista bastante hostiable y unos efectos paupérrimos pero la historia interdimensional se transforma en un “Sword and sorcery” de mercadillo con unos personajes ascendetes de “MacGyver” a la hora de unir tecnologías. Yo qué sé, muy mal todo, muy aburrida y muy chorra. Se te queda la cara del protagonista al terminar de verla. Cara de entrar en un ascensor y tragarte el pedo de la persona que acaba de salir.

Prisioneros del universo perdido (Terry Marcel, 1983)

Serie B ochentera a rebufo de clásicos como “Blade Runner” o “Terminator”. La Empire - si, la misma de “Re-animator - se mete en un berenjenal que mezcla viajes en el tiempo, futuros post-apocalípticos, Mad doctors, zombis y policías de huevos gordos. Bajo presupuesto bien empleado, con una dirección económica - lo poco que sabe lo hace bien -, algunas ideas curiosas y mucho entretenimiento y descaro. Tuvo tal éxito que dio lugar a 6 secuelas, todas del mismo corte. Además, sale Helen Hunt con mucha química y buscando el Oscar.

Guardianes del futuro (Charles Band, 1985)

Adaptación de la novela del holandés Michel Faber. Una historia incomoda, exuberante, llena de metáforas, con una percepción sobre la sociedad, el sexo, el género masculino, la deshumanización y la humanización, el alineamiento, el dolor… Todo ello plagado de una extraña belleza visual que recuerda al primerizo Lynch. Su ritmo baja un poco en su segunda mitad a la vez que la protagonista cambia. Esto no es un error y seguramente la propia extrañeza de la cinta contribuya a esa sensación. Johansson, desnudo aparte, esta asombrosa. Sí todo esto no te ha convencido, esto lo hará: Sale en pelotas y está tan rica que dan ganas de llorar y dar gracias a la genética.

Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013)

Edwards se embarca en la segunda revisión occidental del mítico Gojira. Borrón y cuenta nueva a lo visto en su predecesora de 1999 para mostrarnos un entretenimiento de muchos kilates con algunos momentos visuales que oscilan entre lo bello, lo espectacular y cierta melancolía . Un Godzilla gigantesco y amenazador convertido en el salvador de la humanidad en una suerte de “segunda venida de Cristo” monstruosa. Lo más flojo es el insípido drama familiar y ese intento de extraña empatía entre el protagonista y el depredador. Entretenimiento, espectacularidad y cierto toque propio. Muy bien Edwards, eh.

Godzilla (Gareth Edwards, 2014)

Cuarón y su hijo se alían para contarnos una aventura espacial. A nivel de guión, seamos realistas, parece escrita por un alumno de primero de Audiovisuales estando plagada de unos símiles de chichinabo que hasta el menos espabilado puede coger por su burdo intento de humanizar la epopeya. Pero amigos, cuando entramos en lo visual es como si te explotara la cabeza. Abrumadoramente espectacular, con una fotografía que provoca síndrome de Stendhal, un desfile de inteligencia en el uso del 3D y algunas de las imágenes espaciales más bellas que se han visto en décadas. Sólo por eso Cuarón merece ser recordado.

Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)

Posiblemente una de las mejores, sino la mejor, producción del Sr. Roger Corman. Con claras referencias a “Alien” - sobre todo a nivel de decorados-, “Planeta prohibido” y cierto toque a producciones de los 50, Presupuesto ajustadísimo pero bien invertido, momentos terroríficamente extraños, secundarios de auténtico culto - como Robert Englund - , protagonistas que rozan la risa, mucho guión bizarro y grandes dosis de sangre. Se puede ver que no es poco. Gana con cerveza y amigos en una noche de verano.

La galaxia del terror (Bert I. Gordon, 1981)

Libre adaptación de un relato del maestro H. G. Wells. Bebe alegremente y sin complejos de las películas sobre animales gigantes de los años 50 sustituyendo lo nuclear por una sustancia viscosa supurada por la propia tierra. Cierto tinte ecologista, protagonistas que siguen arquetipos de libro, efectos que han envejecido rápidamente y bastante sangre adornan una película de rápido desarrollo y harto divertida. Es mala pero te ríes.

El alimento de los dioses (Bert I. Gordon, 1976)

Irregular cinta de finales de los 70. Un Douglas a punto de la jubilación y una espectacular Farrah Fawcett convertida en premio y deseo sexual se ven desbordados por una I.A. creada por el psicópata Keitel en un papel interesante. Rompe un poco los convencionalismo “Asimovianos” para apostar por un peligro real, con algunas escenas de tensión bien resueltas pero, al final, se queda en un entretenimiento salvable por los pelos.

Saturno 3 (Stanley Donen, 1979)

Secuela del clásico “El planeta de los simios”. La continuidad obligo a un tono muy similar - cosa que se agradece - pero se perdió algo de la alegoría de su predecesora en favor un relato algo más aventurero. Se divide claramente en dos partes: una primera más convencional que sigue la estela de la anterior y la segunda, donde vuelve el miedo a lo nuclear, los sorprendentes giros de guión y ciertos símiles con la época - esos chimpancés protestando, haciendo sentadas y siendo reprimidos por el gobierno y el ejercito como les sucedió a los hippies - adornándolo con pura aventura y adquiriendo una personalidad propia. Bien.

Regreso al planeta de los simios (Ted Post, 1970)