- Especial Pandemias: vamos a morir todos. -

George A. Romero reutiliza la fórmula de “La noche de los muertos vivientes” llevando a cabo cambios que la hacen original y curiosa. Romero es capaz de lo mejor y de lo peor y esta “The Crazies” es muestra de ello. Su inconstante ritmo alterna con una serie de ideas geniales que combinan la violencia, la pandemia y una feroz crítica a las autoridades y poderes establecidos que, hoy día, ha quedado pobre y simplona pero que en su momento tuvo que ser un guantazo bien dado, todo ello dentro de su estilo feísta de dirección y escena - que a mi, personalmente, me gusta aunque sé que hay detractores por doquier -. No es lo mejor de Romero pero es lo suficientemente curiosa y entretenida como para echarle cuanto menos un vistazo.

Los Crazies (George A. Romero, 1973)

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El director de la interesante “Moon Child” se introduce de lleno en una pandemia mortal. Bastante sobria en su puesta en escena y buscando intercalar lo científico de la investigación con el drama humano de supervivientes y familias. Por lo demás es una película muy normalita sin mayor aliciente, que peca un poco de ombliguismo - virus desarrollado en Japón que sólo afecta a japoneses - y de parecerse en demasía a “Estallido” (W. Petersen, 1995). Se puede ver un domingo por la tarde sin muchos problemas pero poco más.

Pandemic (Takahisa Zeze, 2009)

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Opera prima de los hermanos Pastor. Road movie pandemica visualmente correctísima, con un buen manejo de la tensión y cuyo equilibrio se encuentra en el drama humano de los supervivientes más que en la espectacularidad y acción desmedida pero cuyo mayor problema es que nos cuenta algo mil veces visto y se pierde en el cliché en varios momentos. Aun con todo, para ser un debut, es recomendable de todas todas.

Infectados A.K.A Carriers (Álex & David Pastor, 2009)

Remake “trash” de “Not of this Earth” (1955) a cargo del pérfido Roger Corman. Serie B de la buena, de la que golpea con brío el pecho del aficionado a lo casposo. Una trama de traca, unas actuaciones deleznables, unos efectos baratos y mucha, mucha mujer enseñando carne allá donde mires. A todo esto le añades un poco de humor negro dentro de unos diálogos cargados de dobles sentidos sexuales y a la otrora pornstar Traci Lords, consiguiendo un cóctel de los que dan diarrea. Objetivamente, alejaos de ella todo lo que podáis. Subjetivamente, es mierda de la buena.

Vampiros del espacio (Jim Wynorski, 1988)

Película basada en la novela homónima del gran Robert A. Heinlein. La incursión e invasión silenciosa de la tierra por unos extraterrestres es algo mil veces visto pero fue Heinlein quien tuvo la exclusiva en su tiempo. A pesar de sus casi dos horas va a un ritmo pasmoso, una sucesión de escenas a cada cuál más rocambolesca en busca de acción continua y una intriga que no se ve por ningún lado. Un reparto de estrellas consolidadas, en su mayoría, es el mayor reclamo de una película que se puede ver a pesar de ser demasiado irregular. Ni fu ni fa.

Alguien mueve los hilos (Stuart Orme, 1994)

Uno de los pocos ejemplos de crossover entre Western clásico y Ciencia ficción. La condición de serie B y de “directa a video” le pesa mucho tanto a nivel de guión - que navega entre lo tópico de la trama y lo intrascendente de muchas escenas en claro afán por el relleno - como de producción - así en general -. Lo más destacado son, quizás, algunos maquillajes, criaturas y ese toque desenfadado que embarga a los personajes pero es que todo lo demás no acompaña nada. Se puede ver sin vomitar pero no da para mucho más.

Oblivion (Sam Irvin, 1994)

Luc Besson vuelve a la acción. Una vez más recurre a un personaje femenino que evoluciona rápidamente debido a las circunstancias para sobrevivir en un mundo hostil. La acción es primordial y vertebradora en este entretenimiento  al más puro estilo Besson, donde la fantasía de lo desconocido del tema le permite trabajar con espectacularidad. Si olvidas datos científicos de chichinabo y ciertos intentos pseudofilosóficos en algunos pasajes, se hace la mar de entretenida y disfrutable sobre todo con tus palomitas, tu cerveza y tus amigos. Además, sale Johansson y eso siempre es un placer visual. 

Lucy (Luc Besson, 2014)

Ochentera serie B sobre viajes dimensionales. Oscila entre el surrealismo puro y la lisergia. Parte de una premisa curiosa a pesar de una pareja protagonista bastante hostiable y unos efectos paupérrimos pero la historia interdimensional se transforma en un “Sword and sorcery” de mercadillo con unos personajes ascendetes de “MacGyver” a la hora de unir tecnologías. Yo qué sé, muy mal todo, muy aburrida y muy chorra. Se te queda la cara del protagonista al terminar de verla. Cara de entrar en un ascensor y tragarte el pedo de la persona que acaba de salir.

Prisioneros del universo perdido (Terry Marcel, 1983)

Serie B ochentera a rebufo de clásicos como “Blade Runner” o “Terminator”. La Empire - si, la misma de “Re-animator - se mete en un berenjenal que mezcla viajes en el tiempo, futuros post-apocalípticos, Mad doctors, zombis y policías de huevos gordos. Bajo presupuesto bien empleado, con una dirección económica - lo poco que sabe lo hace bien -, algunas ideas curiosas y mucho entretenimiento y descaro. Tuvo tal éxito que dio lugar a 6 secuelas, todas del mismo corte. Además, sale Helen Hunt con mucha química y buscando el Oscar.

Guardianes del futuro (Charles Band, 1985)

Adaptación de la novela del holandés Michel Faber. Una historia incomoda, exuberante, llena de metáforas, con una percepción sobre la sociedad, el sexo, el género masculino, la deshumanización y la humanización, el alineamiento, el dolor… Todo ello plagado de una extraña belleza visual que recuerda al primerizo Lynch. Su ritmo baja un poco en su segunda mitad a la vez que la protagonista cambia. Esto no es un error y seguramente la propia extrañeza de la cinta contribuya a esa sensación. Johansson, desnudo aparte, esta asombrosa. Sí todo esto no te ha convencido, esto lo hará: Sale en pelotas y está tan rica que dan ganas de llorar y dar gracias a la genética.

Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013)