Adaptación del libro homónimo de Judi Barrett. Un “mad doctor” animado y bonachón con un ritmo endiablado, vivos colores, unos personajes desternillantes, mucho humor, guiños cinéfilos y la capacidad de dejar un mensaje tan bien planteado que gusta tanto a los niños como a los adultos. Una agradable y fresca sorpresa entretenidísima.

Lluvia de albóndigas (Philip Lord & Chris Miller, 2009)

Donde comen uno, comen dos. Después del fiasco realizado por Paul W. S. Anderson, los hermanos Strause decidieron continuar con la franquicia en un film con buenos efectos pero lleno de sosez, personajes estúpidos, situaciones arquetípicas, un piloto automático puesto en dirección y mucha testosterona gratuita en vena. Se la podrían haber ahorrado.

Alien vs. Predator 2 (Colin Strause & Greg Strause, 2007)

Una década después del clásico de Cronenberg se realizó esta secuela de serie B directa al mercado del vídeo. Sigue los esquemas impuestos en su predecesora pero con un presupuesto más ajustado, unas actuaciones que son una pena pero un buen ritmo y unos efectos más que decentes. Sale dignamente del embrollo donde se mete pero tampoco es gran cosa.

Scanners 2: El nuevo orden (Christian Duguay, 1991)

Un puto DESASTRE. Así, con mayúsculas. Una mierda que insulta al western, al steampunk, al cómic en que se basa y al espectador. Configurado como un videojuego MALO en donde las cosas pasan porque sí, los enemigos son subnormales y los protagonistas son idiotas. La cara de Josh Brolin lo dice todo: una mezcla de querer llorar y de no aguantarte el vomito. ¡A la hoguera con ella!.

Jonah Hex (Jimmy Hayward, 2010)

Seguramente en algún momento hubo buenas ideas pero alguien decidió que eran demasiado buenas y las mando a tomar viento. Una serie B llena de efectitos y diseños pero con personajes de electroencefalograma plano, acción un poco liosa y un final que es para mear y no echar gota. ¿Domingo al mediodía? Sí. ¿Resto de los días? NO.

Alien vs. Predator (Paul W.S. Anderson, 2004)

Tener un ínfimo presupuesto no es óbice para no realizar películas más que interesantes. Sandy Collora, un habitual del fandom, demuestra su buen hacer en un sobrio metraje donde la acción sumada a escuetos diálogos y efectos apoyados en un diseño de producción impresionante dan lugar a una caza al “hombre” muy interesante aunque un poco estirada. Merece la pena ser vista.

Hunter Prey (Sandy Collora, 2010)

Emmerich afronta esta película protagonizada por dos héroes de acción ochentero con la única filosofía posible: Macarrada. De principio a fin es un ejemplo de divertimento lleno de escenas de acción bien rodadas, malos muy malos, buenos muy buenos y mucha explosión al estilo BAY. Humor socarrón, hostias por doquier, dos protagonistas en plenitud física y mucho descaro en un producto entretenidísimo.

Soldado Universal (Roland Emmerich, 1992)

Revisión del mito de “Frankenstein” con células madre y doctora madurita-sexy por medio. Mantiene un buen ritmo, tiene giros curiosos - esa capacidad telepática desarrollada postmorten - y aporta algunas cuestiones morales interesantes pero la continua cháchara pseudocientífica sumada a un gore pobre le bajan enteros. Ni fu ni fa.

The Frankenstein Syndrome (Sean Tretta, 2010)

A la vejez, viruelas. Corman se vuelve a enfundar las gafas de productor en un subproducto a medias con SyFy. Modificación genética de animales peligrosos con el dinero de los contribuyentes enmarcan una serie B llena de momentos delirantes, mucha risa y efectos deleznables con un ritmo irregular que sólo es recomendable si vas a tomar alguna clase de droga con colegas.

Dinocroc vs. Supergator (Rob Robertson & Jim Wynorski, 2010)

Serie B que mezcla los Mad doctors, con la experimentación genética en cruce de especies y algo de monster movie de los 50. De menos a más y con algunas escenas bastante bien ideadas pesan en su contra unos efectos bastante baratos, un desarrollo de personajes algo pobre - ese mad doctor poco explorado y poco chiflado - y, sobre todo, que haya envejecido tan mal. Se puede ver pero no esperéis mucho.

Sssssss: Silbido de muerte (Bernard L. Kowalski, 1973)